DFW was brilliant!: el quid divinum y el clic de la palabra

DFW was brilliant!

1079-3= 1076 palabras no contendrá este post.

Una de las atracciones de este blog es su incapacidad para escribir reseñas académicas como las que se escriben y se estilan en tantos y tantos “desaparecientes” medios de comunicación cultural y suplementos. Con esta primera advertencia o quizás excusa, quiero expresar que el contenido de libros como Conversaciones con David Foster Wallace hacen que blogs como este sigan siendo subvencionados por Tiempo Libre S. A. y no quieran cerrar.

Conversaciones con David Foster Wallace sale mañana día 29 de octubre a la venta. A mí me llegó antes porque en este blog se escribe sobre libros y me los envían; así divulgo entre el vulgo la más que crema literaria que algunos contienen, I think. Conversaciones está editado en Málaga por José Luis Amores, fundador y traductor a tiempo completo de la editorial Pálido Fuego. Antes de que sigan leyendo, les doy un consejo: reserven su ejemplar donde quieran (o aquí) y pónganse a esperar al mensajero de MRW en bata, batín y pijama; no le den ayotes al libro, ni al mensajero, por favor.

Querrán conocer alguna razón para decidir si Conversaciones con David Foster Wallace puede ser un libro candidato a engrosar su biblioteca o puede ser un libro con capacidad para trastornarle la concepción, idea, concepto que tiene y tenía de la literatura -como arte-; si es un libro o no, en el cual su protagonista, además de ser un superdotado, fue un tipo supuestamente divertido que nunca volverá a ver o un hombre repulsivo al que le hubiera gustado conocer por tres cosas: su capacidad para la ficción, su amor a las matemáticas y su drive en el tenis. Lean mis razones, y decidan si DFW era un tipo con quid divínum, un representante inigualable que fue capaz de industrializar su cerebro para un único y exclusivo fin: producir ficción en moldes desiguales, enriquecida y altamente creativa; descolló.

Conversaciones con David Foster Wallace es una historia desesperada que acaba mal porque la historia, y no es ningún destripe ni final desvelado –me niego a usar esa mierda y fea palabra inglesa de spoiler-, acaba con el suicidio del protagonista. DFW se ahorca. Y sí, estas Conversaciones pueden considerarse una biografía literaria del protagonista.

“No puedo sacarme la imagen de la cabeza”, dice su hermana. “David y sus perros; está oscuro. Estoy segura de que les besó en la boca, y de que les dijo que lo sentía.”

Algo se rompió, decía Javier Avilés en su blog hace unos días, cuando David Foster Wallace decidió clavar en una de las paredes de su habitación un artículo sobre Kafka titulado “La enfermedad era toda su vida. Algo se rompió, sí. Parecía mentira, pero fue verdad. Muchos quisimos ver ficción en la noticia de su muerte y pensábamos que era mentira, como él decía que era la mentira, una ficción:

Cuando escribas ficción, explica como parte de su crítica a un relato sobre una chica joven, su tío y el mal de ojo, estás contando una mentira.

Pero vamos al libro. Está compuesto de veinte entrevistas, algunas de ellas, sorprendentes y sensacionales; ninguna es propina, accesoria o fútil, todas pesan y todas aportan golosinas para un cerebro listo, que además, te lo interjecciona, con lo divertido y excitante que es que un libro te interjeccione el cerebroMis entrevistas favoritas son las siguientes:

La que le hace Helen Dudar, del Wall Street Journal en 1987 donde se nos desvela la entrega de DFW a su trabajo

Se sentaba alrededor de la hora de comer para idear unas cuantas escenas, recordaba hace unos días el señor Wallace, y cuando levantaba la vista, había llegado incluso pasado la hora de cenar. “No sé dónde había estado, pero durante algunas horas no había sido en la tierra. Nunca antes me había acercado a nada igual en ningún tipo de esfuerzo emocional e intelectual.”

Es en esta donde DFW reconoce la deuda que tiene con Manuel Puig -apenas editado en España- porque La escoba tiene capítulos enteros de virtuoso diálogo ininterrumpido que se lo debe a Puig.

Mi segunda favorita es la que le hacen Hugh Kennedy y Geoffrey Polk del Whiskey Island en 1993. Aquí DFW desvela por qué Pynchon, por qué DeLillo, por qué Bellow y algo de Ozick, por qué en ficción hay que comunicar de un modo único, por qué toda buena escritura es un antídoto contra la soledad, por qué así, escribiendo así, intimas con el mundo y con mentes y personajes con los que no te es posible hacerlo en el mundo real. Y es aquí donde prende la mecha de Bret Easton Ellis. Y lo reconoce también, y se intuye dónde tiene el listón puesto:

Soy el único posmoderno que conocerás que adora totalmente a Tolstoi.

El camino es largo y duro. Escribir es lento y difícil. Tengo la esperanza de que nada de lo que he hecho hasta ahora me impida seguir mejorando. Esperemos no tener cincuenta y cinco años y estar haciendo lo mismo. Diría que evitéis quemaros (…) Según lo veo yo, el 50 por ciento de lo que hago es malo, y así es como va a ser, y si no puedo aceptarlo, entonces es que no estoy hecho para esto. El truco está en saber qué es malo y no permitir que los demás lo vean.

La tercera y mejor entrevista es la que le hace Larry McCaffery  del Review of Contemporary Fiction en el verano de 1993. Nada más que por la traducción de esta entrevista merece la pena comprar el libro. Habla de la televisión, de su fuerza, del arte serio, de que el problema no es que el lector sea tonto, de que las obras difíciles de narrativa seria requieren a veces una contraprestación del lector, del propósito de escribir ficción, de la invención del calculo infinitesimal aplicado a lo que hacen ciertos autores, de Nabokov y Coover, de Barthelme, de La naranja mecánica, de la R mayúscula que ha sido absorbida por, y está subordinada al, entretenimiento comercial, la R del Realismo clásico, del clic de una caja bien hecha, siempre que pienso en ello, la palabra es clic.

En fin, la de McCaffery es una radiografía fidedigna que demuestra la capacidad de DFW para jugársela en cada frase.

Otra fulgurante para mí ha sido la de Donn Fry, del Seattle Times, de 1997. Interesante por el planteamiento del problema de la educación en “escritura expresiva” en vez de comunicativa. La lectura, los alumnos, los que empiezan a escribir…

Ahora me percato de que he planteado mal el post porque mientras lo estoy escribiendo, ya no existe la entrevista no favorita. Si es que hasta la chispa que provocó que el otro día Ellis se encabronara con DFW está aquí planteada. Si es que es un libro para editores aburridos que no sepan en este instante qué editar porque en Conversaciones se relacionan bastantes libros no traducidos todavía en España y que nos vendría bien que alguien con suficiente criterio e inglés los editase. Créame, señor editor, Conversaciones con David Foster Wallace contiene suficiente material para reflotar su editorial, como The Rainbow Stories de Vollmann. Es uno de la veintena de ejemplos.

Y me colé. Supero las 1079 palabras que prometí escribir sobre el libro. Puede dejar de leer el post sin remordimientos. Acabo. Acabo. Acabo. ¿Para qué contarles más si sé que se lo van a leer?

Y odio los libros que, ya sabes, esos libros en los que vas por la mitad y tienes la sensación de que el autor es tan estúpido que cree que puede engañarte para que pienses que el libro es sofisticado y profundo de verdad simplemente porque es difícil. Es algo epidémico en la escritura académica.

No odiarás este libro porque releerás este libro y todo libro que no se odia y se relee, te enriquece, te enriquece y te acerca a la tendencia hacia el infinito que posee la Ficción -esa de mayúsculas- y que se hizo carne en un tipo que pensaba que el arte vital y prioritario es aquel que trata de lo que significa ser un ser humano. La puntilla.

6 comentarios en “DFW was brilliant!: el quid divinum y el clic de la palabra

  1. Pingback: Conversaciones con David Foster Wallace – Stephen J. Burn (ed.) « Pálido Fuego

  2. Gracias por su reseña no académica.

    Aprovecho mi gratitud para informarle de que en cierto foro, llamado El Focoforo, tradujeron, brillantemente creo, la palabra Spoiler que tan poco le gusta, por la palabra OJOCUIDAO.

    Disfrútela.

  3. Gracias por la reseña, me ha gustado. Sólo una anotación de SNOOT irredenta -con permiso-: al comienzo del post, hablas de la incapacidad de este blog para escribir reseñas académicas. Hombre, en realidad ningún blog es capaz de escribir, ni reseñas ni nada ;-) La anotación va sin ninguna acritud (sólo por si lo quieres enmendar).
    Abrazo.

  4. Como liberal lingüístico, aditamente, aditamente. Me ha gustado lo de SNOOTitude. Le viene como pieza de puzzle al post. También puedo hacer reseñas “académicas” pero esas suelo cobrarlas…
    Abrazar, como diría el Señor Sarmentero.

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