Sobre un libro llamado Lolita (I)

Todo es de Nabokov, todo lo escribe Nabokov como postfacio en la edición de 1983 de Seix Barral que terminé el viernes en el tren destino Jaén desde la Sevilla “ardida”. Si te dedicas a escribir, debes hacerlo letanía, en un rincón de tu catedral creativa, sin más objetivo que ser el mejor, el que más estilo destile porque Nabokov -he redescubierto- es puro estilo.

Los profesores de literatura tienden a plantear problemas tales como ¿Cuál es el propósito del autor? o, peor aún, ¿Qué trata de decir este tipo? Ahora bien, ocurre que yo pertenezco a esa clase de autores que al empezar a escribir un libro no tiene otro propósito que librarse de él y cuando le piden que explique su origen y desarrollo, debe valerse de términos tan antiguos como interreacción o inspiración y combinanción… todo lo cual, lo admito, suena como un mago que explica un ardid llevando a cabo otro.

Vean de dónde surge la idea de escribir Lolita. ¿No es alucinante? Todo me es alucinante, asombroso, extraño, repullo, turbación, enajenación y todo es maravilla de la creación literaria. Lean:

El estremecimiento inicial de la inspiración fue provocado de algún modo por un relato periodístico acerca de un chimpancé (…) que, después de meses de incitaciones por parte de un científico, hizo el primer dibujo que haya esbozado nunca un animal. Ese dibujo mostraba los barrotes de la jaula de la pobre criatura. El impulso de que ahora doy cuenta no tiene relación textual con el subsiguiente flujo de ideas, el cual resultó, sin embargo, en un prototipo de la novela actual, un cuento breve, de unas treinta páginas. Lo escribí en ruso, la lengua en que he escrito novelas desde 1924 (…) El hombre era de Europa Central, la nínfula anónima era francesa y los lugares eran París y Florencia. Hice que el hombre se casara con la madre enferma de la niña. La madre moría pronto, y tras un frustado intento de aprovecharse de la huérfana en un cuarto de hotel, Arthur (ése era su nombre) se arrojaba bajo las ruedas de un camión. Una noche, en tiempos de guerra, leí el relato a un grupo de amigos (…) pero la cosa no me gustó y la destruí algo después de trasladarme a Norteamérica en 1940.

Nabokov cuenta qué tuvo que hacer para reinventar ese cuento destruido recién llegado a Norteamérica:

(…) y ahora debía inventar Norteamérica; obtener los ingredientes locales que me permitirían agregar una pizca de “realidad” (palabra que no significa nada sin comillas) corriente al fermento de la fantasía individual, que a los cincuenta años…

Y sí, deben creerlo, Lolita también fue rechazada por al menos cuatro editores.

Al principio, por consejo de un viejo amigo muy temeroso, fui lo bastante dócil para estipular que el libro apareciera en forma anónima. No creo que me arrepienta nunca de haberme resuelto, poco después, a firmar Lolita. Los cuatro editores norteamericanos W., X., Y., Z., a quienes ofrecí el original y que a su vez consultaron a sus lectores, se alarmaron por Lolita hasta un punto ni siquiera imaginado por mi viejo y temeroso amigo F.P.

Así también, Nabokov pensaba en el porqué de su posible rechazo editorial:

Algunas técnicas al comienzo de Lolita (el diario de Humbert, por ejemplo) hicieron pensar a mis primeros lectores, que éste sería un libro obsceno. Esperaban esa serie en aumento de escenas eróticas; cuando se detuvieron, también se detuvieron los lectores, se aburrieron y abandonaron el libro. Sospecho que éste es uno de los motivos por los cuales ninguna de las cuatro compañías editoras leyó el original hasta el fin. No me importó que lo consideraran o no pornográfico. Su negativa a comprar el libro no se basaba en mi tratamiento del tema, sino en el tema mismo, pues hay por lo menos tres temas absolutamente prohibidos para casi todos los editores norteamericanos. Los otros dos son: un casamiento entre negro y blanca de éxito completo y  glorioso que fructifique en montones de hijos y nietos, y el ateo total que lleva una vida sana y útil y muero durmiendo a los ciento seis años.

Cómo sigue desgranando la creación y escritura de Lolita, en el siguiente post. Todo autor debería estar obligado a escribir un postfacio a su obra siguiendo el modelo “instaurado” por Nabokov.

3 comentarios en “Sobre un libro llamado Lolita (I)

  1. Este se empezó con un cuento de treinta páginas que destruyó, germen de toda la novela, de casi 300 páginas. Se reinventó en Norteamérica, trabajo, borró, tiró, reescribió, creo, que la “manuscribió” entera antes de dársela al editor que tuvo los “huevos” -hay que escribirlo así- de editarla. Espera a la segunda parte. La literatura, la escritura es trabajo, trabajo, mucho trabajo. Horas y más horas. Yo no creo en la inspiración, nunca he creído en ella. Nunca.

  2. Bien, en realidad estamos de acuerdo, ese modelo es precisamente el valor que le adjudico a la inspiración literaria, no lo que lo cuentan por ahí fuera. Inspiración es que la idea salte de cualquier cosa, incluso de una noticia no relacionada. Y que esa idea jamás se marche: mute con el tiempo, se pruebe (con 30 páginas o con 10), se intente destruir y vaya cambiando mientras acompaña al autor. Se reescriba, se tire y se vuelva a escribir, hasta que consigua salir. Las ideas “inspiradas” persiguen a los autores: las de cinco minutos por encargo y mantener la cuota de mercado pues… bah, son otra cosa.

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