El crítico ideal (II)

El crítico actualmente considerado como tal, no se distingue por su ciencia literaria; incluso se cree que para desempeñar tan curioso oficio es condición imprescindible despreocuparse de aquellas cuestiones que interfieran en el campo de la imaginación. Muy otra, en cambio, debe ser la actividad del crítico; en lugar de resumir en dos líneas -cuyas frases ya las tiene compuestas el impresor- la valoración de una obra, le corresponde meditar profundamente sobre ella, encontrarle su sentido íntimo, aplicarle las leyes poéticas, en fin, ver hasta qué punto la imaginación y la verdad se conjugaron para producir aquel resultado. De este modo, las conclusiones del crítico servirán tanto a la obra concluida como a la obra en embrión. Crítica y análisis; pues la crítica que no analiza es más cómoda, pero no puede pretender ser fecunda. 

Para hacer frente a tan acrecentadas responsabilidades, ya comprendo que no basta con una lectura superficial de los autores, ni la simple transcripción de impresiones momentáneas; es posible, ciertamente, fascinar al público, mediante una fraseología siempre utilizada para alabar o hundir; pero, para aquellos a quienes una frase nada dice si no comporta una idea, semejante medio es inútil y una crítica así es negativa.

Machado de Assis. Traducción de Juanjo Fernández.

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