El blog de Gass

Buscar textos para que salgan publicados el 7 de mayo era tan fácil como jugar al parchís un viernes por la noche. Gané otra vez, por cierto. Buscar textos para hoy lunes era tan fácil como decir que los encontré el sábado por la tarde. La tarea consistía en rescatar algún texto de las fotocopias que le hice -el libro está descatalogado y no disponible- a las treinta páginas finales de En el corazón del corazón del país, la joyita del libro de Gass que contiene un capítulo titulado -voy a repetirlo-, En el corazón del corazón del país.

En el corazón del corazón del país -la parte final del libro- podría pasar por uno de los blogs de literatura que leéis hoy. De hecho, voy a crear una categoría titulada así, Blog de Gass. Si Gass hubiera creado un blog en WordPress titulado En el corazón del corazón del país, lo hubiese escrito como quedó En el corazón del corazón del país; nadie puede negar que por estructura hubiese pasado por un blog: un sistema de post en torno a un tema o asunto, una estructura cronológica de entradas, textos más o menos cortos, derroche creativo y mucho polen literario. Un blog de escritura creativa que hubiera pasado por ser el blog donde Gass escribiera y mostrara sus experimentos, como por cierto, le ha dado por hacer a Pérez Reverte en Anotaciones sobre una novela.

Hoy transcribo un texto que se titula Cables. Lo tiene casi todo.  

Estos cables me ofenden. Por su culpa tuvieron que desmochar tres árboles y ahora estos cables desfiguran el cielo. Cruzan frente a mí como una cerca que encerrase a los pájaros y a las nubes. Yo no puedo cruzarlos, pero lanzo mis sentimientos, como si fueran palos, por encima de ellos. ¿Qué es lo que me ofende? Estoy sobre mi tronco, donde he construido una plataforma, y los cables me impiden salir. Por tanto, los árboles cortados, los cables negros y todos los pájaros me irritan. Cuando un tiene que arrastrarse como un gusano para atravesar una cerca y llegar a un pardo, ¿acaso se percibe el prado de la misma manera? 

Sí, jugué al parchís y mientras jugaba conseguí librarme de aquella obsesión por algún tiempo. Tiré los dados y apareció sin querer, un texto de Valéry. Había tiempo y espacio para transcribirlo. Iba sobre Gass, sin quererlo:

Indefible. La gloria no se fija fácilmente en las obras que el público no puede definir con facilidad, que no entran en una categoría sencilla…

Nuestros juicios implican este postulado oculto: todo individuo y toda obra puede definirse por un pequeño número de epítetos. Si este número crece, la existencia del libro o del hombre se ve comprometida (en el universo de la opinión).  

Un tipo que vive entre estanterías merece un blog, ¿por qué no?

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