Kafka, papá y Madrid; trabajo seguro

Kafka empezó trabajando en seguros gracias a su padre, que tenía buenas relaciones con el vicecónsul americano Weissberger que era padre del representante en Madrid de los Seguros Generali. Kafka, papá y Madrid; trabajo seguro.

Trabajos forzados. Los otros oficios de los escritores, de Daria Galateria, traducido del italiano por Félix Romeo y editado por Impedimenta en setiembre del año pasado, ha sido la última desiderata que la Biblioteca Pública de Jaén me ha aceptado.

El libro lo he colado en la lista de lectura. Ahora leo El hueco que deja el diablo, de Kluge, préstamo potlatchiano de Juan Cruz, de La banda de los 4. Ahora tiro de los dos. Gustosamente de los dos. Después llegará Sal.

Galateria toma como punto de partida la máxima latina Carmina non dant panem, que no os voy a traducir. El libro de Galateria es un entretenido camino por las vidas duras, siempre duras, de gentes que decidieron ser escritores. Hay que decidirlo. Si no lo decides, nunca serás escritor. Si dices un día ¡quiero ser escritor! te quedas tal y como estabas. Escritor es el que aparecerá en las historias de la literatura del 2057. [Porque la autoedición es de pobres, rezan por aquí]. No se nace ministro, Malraux.

Se narran parte de las vidas de, tomen nota: Gorki, Claudel, Svevo, London, Colette, Kafka, Cendrars, Lawrence de Arabia, Paul Morand, Gadda, Céline, Hammett, Giono, Prévert, Saint-Exupery, Malraux, Orwell, Hrabal, Vian, Bukowski, Ottieri y Chatwin. Contad: Veinticuatro caballeros que, si hubiesen sido caballeros veinticuatro, no hubiesen escrito nada. Lo digo yo.

Es el libro que hojeas cuando llega el ¿dónde está mi escritura? Cierto es que, en las consultas de Escritura Creativa, lo prescriben como remedio para el mal ánimo, y la pereza.

De la traducción del libro esperaba más. ¿Qué? Una traducción más refinada y una simplicidad más estilística. Hay párrafos que se embrollan sin ayuda. Falta brillo en la traducción que en ocasiones se hace ilegible. ¡Y es de Félix Romeo!, desde el italiano, eso sí.

A pesar de todo ya conocemos cuál es el verdadero trabajo forzado: la escritura.

 

 

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