Fea de gorda


Querida hija:

Lo más feo que ves en la imagen, a nosotros, los mayores, tampoco nos gusta. Es una errata pero para ti debe ser, además de eso, una falta de ortografía gorda, fea de gorda y que los que saben de palabras y dichos definirían como palabra feróstica. Esas son las faltas de ortografía que se repetían en el cuaderno Edelvives -ahora son de Oxford y los traen de England- doscientas veces y te aseguro que ya no aprobabas la Lengua así le recitases a la profesora doña Micaela el Quijote de memoria, de carrerilla y sin reírte. De cabo a rabo, vamos.

Quiero avisarte, querida hija. Después de esto, pienso leerme antes que tú todos los libros que te prestan en la biblioteca y que compras con la paga que te da tu madre. Para preservar tu vista y preservar tu inocente lectura -esto es paternalismo y lo demás es ser un chotacabras – creo necesario hacerlo. Soy tu padre. Es salubérrimo, pienso. Te lo digo porque me da miedo que llegues a los 18 años y no sepas expresarte con corrección y sin faltas de ortografía. Hoy no es indispensable para desempeñar un buen puesto, te advierto, y menos para ser…, pero tus lectores siempre te lo agradecerán, ¡anda que tus followers!

Me da miedo. Mucho miedo. Pero ya callo, no quiero cansarte más.

La errata es fea, ¿la ves? Es gorda, me pesa. Tan fea y tan gorda que Rapunzel también parece sorprendida por ella más que por la secuencia de la trama donde está.

Madre sabe más, se escucha en la banda sonora de la película. Y padre también: vamos a dejar de invertir en libros de Disney porque Disney ideó Disney para que vieses Disney, no para que leyeses Disney. Lo pienso, no quiero que llegues a convertirte en una lectora Bambi. A Disney lo que es de Disney y a la literatura lo que es de la literatura.

Los créditos del libro Enredados están aquípara quién quiera pedir indemnizaciones: